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Manuel Ferrer La introducción de la Alianza de Civilizaciones en las Academias Militares es coherente con las conferencias que los mandos militares y las fuerzas del orden de alto y medio nivel han recibido estos últimos años. Nada extraña, pues, su implantación como asignatura en las Academias donde se lleva a cabo la formación de los oficiales del Ejército. Estaba previsto y programado. No obstante, la creación de la asignatura “Género e Igualdad” constituye un hecho más relevante, porque expresa la probable intención del presidente Zapatero de ser quien diseñe por primera vez un país que sirva de modelo para otros, en el cual se dan gradualmente los pasos para introducir el cambio de sociedad más revolucionario de la Historia. El posfeminismo, muy introducido en las Naciones Unidas, en otras instancias internacionales, y reflejado en algunas universidades en las cátedras de género, es algo establecido como un fermento que pretende la mayor ruptura con la naturaleza que se ha llevado a cabo a lo largo de la Historia. El género rompe con la distinción biológica de sexos, a partir de una frase que dijo una intelectual francesa de la Revolución del 68, Simone de Bouvoir: “La mujer no nace, se hace”. Puede aceptarse que el género ha tenido como
protagonista principal a España, no tanto desde el punto de vista
académico –hay algunas filósofas, sociólogas en nuestro país
que han bebido en las fuentes de EE UU, y contribuido a extender los
fundamentos de esta ideología– como desde el punto de vista político.
Las mujeres de la izquierda, y en consecuencia los hombres, han
contribuido a implementar las medidas legislativas que desde el
poder dominante contribuyen al cambio de sociedad, realizado
gradualmente. No hay sexo, hay género. Cada uno, cada una, puede
elegir el estatus biológico que le apetezca. La sociedad
heterosexual se va transformando poco a poco en una sociedad
bisexual, homosexual o lesbiana, transexual. El cambio de sexo o la
adopción de niños por gente del género tiene ya vigencia en la
legislación y en la realidad, y el movimiento gay aumenta su poder
e influencia. El paso que se da ahora con la inserción del género en los futuros mandos del Ejército, y se supone que en el resto de las fuerzas armadas, es una medida más en la cadena de resoluciones que conduce a la utopía con la creación de un ser, que no persona, el cyborg de las norteamericanas, organismo medio humano/medio cibernético, que está llamado a conseguir en el futuro el máximo de placer y de eficiencia. En consecuencia, el presidente Zapatero, con la ministra Bibiana Aído y sus asesoras ideológicas, pretende pasar a la Historia como el primero que logra instalar en la sociedad española el modelo del género, para servir de ejemplo a otros países. Ésta es la gran ambición internacional del presidente. El siglo XX ha sufrido dos utopías, felizmente superadas, al menos en Europa. Esta otra no se apoya totalitariamente en las armas, sino en la fuerza de las ideas, la manipulación y las imposiciones que pretenden sojuzgar las conciencias de los ciudadanos que se opongan. A largo plazo el género está destinado a fracasar, pero habrá dejado entre tanto muchos destrozos personales, familiares y sociales. *Manuel Ferrer es catedrático emérito de universidad.
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