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Un estudio sobre el maltrato en la familia cuestiona las tesis de
la ideología de género
En el maltrato a menores prevalecen “la condición femenina del
agresor” y “las familias monoparentales”. La violencia contra
los ancianos no interesa a nadie, pero es mucho mayor que la que se
da contra la mujer y aumenta con la edad y grado de dependencia de
la víctima, según el INCAS
ForumLibertas.com
28/11/2011 Las
tesis de los defensores de la ideología de género sobre la violencia
que se produce en el ámbito familiar, situando el eje ‘agresor-víctima’
de los maltratos en la caracterización ‘hombre-mujer’, se
estrellan cada día que pasa con nuevos estudios que cuestionan sus
afirmaciones. Una
muestra de ello eran tres recientes informes, de
la Generalitat de Cataluña, del
Centro Reina Sofía y del Instituto Andaluz de la Mujer,
que echaban por tierra los argumentos de que la violencia contra la
mujer es un hecho estructural inherente a la condición de hombre y a
las sociedades patriarcales, al constatar que crecen las agresiones
entre las parejas adolescentes. También
resalta el estudio que la violencia contra los ancianos “es
la más extendida, mucho más que la que se da contra la mujer”,
y esta violencia “crece con la edad de la víctima y su grado de
dependencia, en una clara relación fuerte-débil”. Como
se puede observar en la siguiente tabla, el colectivo más afectado
dentro del maltrato familiar, “con mucha diferencia”, es el de los
ancianos. En el caso de los menores de edad, la violencia se muestra
aparentemente menor, aunque “en un orden de magnitud es semejante a
la que se da contra la mujer”, dice el estudio. También
es frecuente que el maltrato que sufren los ancianos pase más
desapercibido que el que padece la mujer, lo que daría a las cifras
que aparecen en la tabla una mayor relevancia. El
estudio del INCAS insiste en que cuando se habla de maltrato a menores
hay que considerar que “prevalece la condición femenina del
agresor”, como se ve en la ‘tabla “Existe
una estrecha relación entre ambos factores, dado que en las familias
monoparentales es la mujer quien, en la mayoría de los casos, tiene
los hijos a su cargo”, señala. “En
general, la ruptura familiar, incluyendo las familias reconstituidas,
favorecen el maltrato infantil en una proporción de 14,6 veces mayor,
si es monoparental, y 4,5 veces mayor, si es reconstituida, que la
familia básica, como se observa en la tabla 3. Los datos se basan en
informes sobre maltrato infantil en la familia (1997-1998; 2001-2005)
del Centro Reina Sofía para el estudio de la violencia. Estos
resultados, además de refutar el planteamiento de ‘violencia de género’
en el seno de la familia, “desplazan el eje agresor-víctima, de la
caracterización hombre-mujer, a otra más compleja, fuerte-débil +
estabilidad familiar”, destaca el estudio del INCAS. Así,
“de acuerdo con las fuentes utilizadas, el maltrato infantil
denunciado se sitúa entre 1.000 y 1.200 casos por millón de
habitantes. La cifra real es mucho mayor. Si atendemos a la última
información (noviembre 2011) de Maltrato
de ancianos: “no interesa a nadie” Por
su parte, el colectivo de ancianos es el que sufre en sus carnes un
mayor maltrato en el ámbito familiar. Según las diferentes fuentes
consultadas, existe una gran diferencia en las cifras, “que A
modo de ejemplo, en las conclusiones del 30º Congreso de En
cualquier caso, “resulta evidente que este
tipo de violencia es la más extendida, mucho más que la que se
da contra la mujer. A pesar de ello, y de su indefensión, no sólo no
existen políticas, sino que los datos son de una endeblez extrema. La
violencia contra los ancianos no parece interesar a nadie”,
denuncia el estudio. El
informe concluye en este apartado advirtiendo de que “las agresiones
a menores y gente mayor presentan una característica común que
desgraciadamente ha sido desatendida por las políticas públicas: por
su edad y condiciones de vida, la capacidad de la víctima para
denunciar al agresor es muy baja o simplemente nula”, con la
consecuente situación de desamparo que provoca. Esta
situación contrasta con “las políticas y recursos aplicados al
maltrato de la mujer, a pesar de que la prevalencia de los distintos
tipos de agresiones en ningún caso lo justifica”. Y “un segundo
hecho que debe ser subrayado es que precisamente a causa de su
indefensión, el número de casos de violencia contra menores y gente
mayor está subvalorado”. Más
evidente entre parejas de hecho e inmigrantes En
lo que respecta a la violencia doméstica contra las mujeres, todas
las causas objetivas de la mayor prevalencia de feminicidios
“conducen a una misma razón: las parejas de hecho incurren en el
feminicidio en mayor medida porque su estabilidad es menor y la
ruptura más frecuente”. Al
mismo tiempo, “los inmigrantes adoptan la cohabitación y la pareja
de hecho en mayor medida que los autóctonos y ello conduce a su vez a
una mayor proporción de rupturas”. En
ese sentido, el INCAS considera que: 1.
“El aumento de la duración del vínculo, su estabilidad, disminuye
la violencia extrema contra la mujer. En este sentido, la nueva
legislación sobre el divorcio tiende a favorecerla al debilitar el vínculo,
sin reducir la proporción de divorcios contenciosos”. 2.
“El reagrupamiento familiar de los inmigrantes reduce la violencia
contra la mujer dado que no es aquélla condición la causa, sino su
situación y el tipo de vínculo de pareja que adoptan”.
La
anomalía española “España,
en este contexto, da lugar a una importante anomalía, porque es el único
país donde crecen los homicidios de la mujer en el seno de las
relaciones familiares incluida la pareja, mientras se da una disminución
en el total de los homicidios femeninos, es decir, los que también
incorporan los producidos por personas ajenas a la relación de pareja
y familia”, destaca el estudio. Al
mismo tiempo, decrecen los homicidios totales, con lo que cabe
preguntarse: ¿por qué sólo tienden a aumentar los feminicidios en
el marco general de los homicidios, y por qué sólo sucede esto en el
caso de España?”. El
INCAS recuerda que “de los datos estudiados, puede percibirse que la
violencia extrema contra la mujer, el homicidio, se da en mucha mayor
medida en los países nórdicos, con la excepción de Suecia y el
Reino Unido. Alemania también formaría parte de este grupo. En el
otro extremo Irlanda, y en posiciones intermedias Holanda y España”. Pero,
“a pesar de ello, este último país es el que más medidas, y más
radicales, ha adoptado hasta constituir, también en este punto, una
singularidad en el contexto europeo”. Y, lo peor, “estas medidas a
su vez no han reducido el número de víctimas, sino todo lo
contrario, siguiendo una tendencia opuesta a la tomada por los
homicidios”, concluye el INCAS.
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