| ENTREVISTA A LOS AUTORES DE «ATTACCO A
RATZINGER» |
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| Tornielle y Rodari
desenmascaran el sentido de los ataques internos y externos contra
Benedicto XVI |
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| Actualizado 20 septiembre 2010 |
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| Antonio Gaspari y Carmen Elena
Villa/ZENIT |
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“Lo único que no se
le perdona a Ratzinger es que haya sido elegido Papa…”
Así termina el libro Attacco a Razinger (Ataque a Ratzinger
n.d.t). Acusaciones, escándalos, profecías, complots contra
Benedicto XVI, escrito por Paolo Rodari y Andrea Tornielli, y
cuya edición en italiano ha sido publicada por Piemme.
Rodari, vaticanista del periódico Il Foglio y Tornielli,
vaticanista del periódico Il Giornale, reconstruyen,
enriqueciendo con informaciones inéditas, el hecho de cómo la
prensa internacional se ha enfurecido contra Benedicto XVI.
Ambos estuvieron en el curso The Church up Close (La Iglesia de
cerca n.d.t.) que se realizó en la Pontificia Universidad de la
Santa Cruz en Roma del 6 al 12 de septiembre, en la que hablaron
sobre este tema a los allí presentes.
Para profundizar este tema, ZENIT entrevistó a uno de los
autores, Andrea Tornielli, autor del blog Sacri palazzi (http://blog.ilgiornale.it/tornielli/).
-¿Qué cree que hay detrás de los ataques al Papa?
- No creo que los ataques vengan de una sola dirección ni que
sea un complot. Creo que son varios grupos, varias realidades
sueltas y diferentes entre ellas, que tienen un interés que es
el de transformar la Iglesia en una secta protestante
cualquiera, porque las enseñanzas de la Iglesia molestan.
No me refiero sólo, como muchos podrían pensar, a los temas de
ética o de sexualidad sino también a los temas de globalización,
desarrollo, defensa del ambiente, política multilateral, entre
otras aproximaciones. Estos grupos no necesariamente actúan
usando una única orientación pero es claro que critican públicamente
y que atacan el Papa. Creo que tienen todo un interés en hacer
énfasis a los problemas de la Iglesia como, por ejemplo el escándalo
de la pedofilia.
-¿Por qué lo atacan? ¿Por qué le han impedido hablar
en la Universidad de la Sapienza de Roma en enero de 2008?
- Ciertas campañas mediáticas son determinadas por el
“hambre” negativo del prejuicio consolidado y para nada
corresponden a la realidad que ha dibujado primero el cardenal
Ratzinger y luego el Papa Benedicto XVI. Lo quieren hacer ver
como un retrógrado conservador, anti liberal y anti democrático.
El caso de la Sapienza es ejemplar porque no sólo fue causado
por grupúsculos de estudiantes ideologizados sino también por
investigadores y profesores han “juzgado” a Ratzinger,
partiendo de la base de una cita equivocada que fue tomada de
Wikipedia (esto debería decirnos algo también sobre el estado
de nuestras universidades).
El poder secularizado teme al anuncio de una verdad irreducible,
hay lobbies y grupos de poder a los que les molesta la moral
cristiana y la enseñanza ética de la Iglesia. En ciertas
situaciones la voz de la Iglesia permanece como el único
baluarte de una con ciencia no anestesiada.
-Dice usted que hay ataques externos. ¿Cree que también
hay ataques internos?
- ¡Por supuesto! Esto lo determina un fenómeno de que nosotros
llamamos una disidencia interna de la Iglesia. Es decir, teólogos
e incluso obispos que critican abiertamente algunos aspectos del
magisterio de Benedicto XVI. El fin último no son los ataques
inconscientes, porque son queridos por alguna maquinaria curial,
que facilita algunas crisis que se hubieran podido evitar o
apagar a tiempo algunos incendios que en cambio han crecido y se
han convertido en un problema más grande.
- Siguiendo con el tema, durante el vuelo hacia Portugal
el pasado 11 de mayo el Papa dijo “hoy lo vemos de manera
realmente aterradora: la mayor persecución de la Iglesia no
procede de los enemigos de afuera, sino que nace del pecado en
la Iglesia”¿Cuáles son esos pecados a los que se refiere el
Papa y cuáles son los grupos y las personas que crean
enemistades al interior de la Iglesia?
- La pregunta fue formulada con referencia explícita a
los escándalos de pedofilia que tocan a exponentes del clero.
La respuesta del Papa fue dramática. Benedicto XVI ha explicado
que el ataque más fuerte ha sido al interior, es el pecado en
la Iglesia. En el fondo, la historia nos enseña que en los
ataques externos a la Iglesia, siempre hay al final una salida
reforzada, quizás luego de largos períodos de dificultad, sino
de persecución. El ataque interno la demuele. Ahora no son sólo
los tremendos, incluso los “espantosos” episodios del
abominable crimen de la pedofilia.
Está también el crecimiento de un pensamiento no católico al
interior de la Iglesia católica: una realidad denunciada con
extrema lucidez desde el papa Pablo VI que hoy lamentablemente
persiste. Me sorprendieron, por ejemplo, ciertas reacciones
contra la decisión de Benedicto XVI de liberalizar la misa
antigua. Reacciones públicas, venidas incluso de obispos. Los
ejemplos serían muchos.
-El Papa, en la homilía de la misa en la que se concluía el año
sacerdotal el pasadoo 11 de junio, habló en un tono muy específico
de herejías y de la necesidad de usar el bastón contra los
lobos que quieren ahuyentar el rebaño. ¿A qué se refería?
- En nuestro libro analizamos las crisis de los primeros cinco años
de pontificado del Papa Ratzinger, no hacemos una lista de
posibles herejías. Quisiera recordar que, lamentablemente hoy
se difunden en un modo más o menos subterráneo, ideas e
interpretaciones que terminan por minar la fe de la gente
sencilla y en general la fe católica a toda costa – debe quizás
ser más comprensible un debate entre la coexistencia de
interpretaciones diferentes pero esenciales de la fe.
En este sentido, como explicaba el entonces cardenal Ratzinger a
los inicios de su mandato como prefecto de la Congregación para
la doctrina de la fe, el Magisterio tiene el deber de proteger
la fe de los sencillos, de quienes no escriben en los periódicos
ni van a hablar en televisión.
En este sentido, el Magisterio tiene un deber – decía –
“democrático”. Creo que un cambio radical que el Papa
impide a todos sea el de ser concientes de que la Iglesia no está
“hecha” por nosotros, no se le puede considerar una empresa,
no todo puede quedar reducido a reivindicaciones sobre funciones
y ministerios, su vida no puede estar planificada sólo con
estrategias pastorales. Si aprendiéramos de este constante
llamamiento del Papa, a lo mejor muchos opositores abiertos y
ocultos comprenderían que el Papa no es un monarca absoluto,
sino que obedece a Jesucristo en la transmisión del depositum
fidei.
-Regresemos al tema de los ataques que vienen de fuera
de la Iglesia: Ratisbona, preservativo, Williamsom, abusos
sexuales. ¿Qué ti enen en común?
- Creo que la única verdad que tienen en común es la de haber
trasladado la atención de lo que el Papa verdaderamente quería
decir o hacer. Por ejemplo, en Ratisbona. El Papa no estaba
hablando contra el Islam sino que estaba haciendo un discurso
sobre la fe y la razón. Este discurso pasó a un segundo plano
desde el punto de vista mediático. Luego, poco a poco se
extendió al diálogo con los intelectuales islámicos.
El preservativo es un tema que el Papa nunca tocó en los
discursos que dio en África. Este fue un viaje bellísimo:
atención de la gente, participación de la liturgia, mensaje
importante en lo que tiene que ver con el trabajo del Sínodo y
con los aspectos importantes del desarrollo en África, mensajes
importantes sobre el desarrollo de una teología africana. Todo
olvidado…
En el caso de Williamsom, una iniciativa como levantar la
excomunión, que se trataba de un gesto de reconciliación, fue
explicada como una gran crisis en las relaciones con el mundo
judío. El elemento en común es que no se transmite el
verdadero mensaje del Papa.
-¿Cómo presenta el libro el caso de Williamsom?
- Allí quisimos evidenciar que hubo un problema que
siempre puede ocurrir: la información, que fue expedida desde
Suecia, cuando fue transmitida la entrevista, no llegó a tiempo
al Vaticano. Cuando se decidió concluir y levantar la excomunión,
en aquel momento, ni el Papa ni sus colaboradores conocían la
entrevista.
El problema, desde mi punto de vista, es que ocurrió después,
es decir, que en aquellos cuatro días que pasaron entre la
publicación de la entrevista y el anuncio oficial, el decreto
ya había sido entregado. Y en aquel período no se hizo nada.
Se podía haber dicho a los lefebrianos: “No lo publiquemos,
esperemos un mes”, se pudo haber explicado el decreto por un
cardenal como Kasper o incluso como el Secretario de Estado que
dijera en nombre del Papa que estas cosas que dijo Williamsom
son inaceptables, que la Iglesia no las ha creído ni las creerá
nunca, que el gesto de levantar la excomunión no tienen nada
que ver con estas ideas. La culpa es más nuestra – me refiero
a nosotros, los periodistas - pero el Vaticano pudo haber
actuado mejor.
-Y en el caso de Murphy. ¿Muestran la manera como el
New York Times ha manipulado la información?
- El problema existe, no son casos falsos sino verdaderos,
aunque tengan que ver con el pasado. Es una cosa gravísima pero
creo que en muchos casos ha habido falta de competencia y de
voluntad de entender la totalidad de los factores y se ha
querido, de manera directa y un poco gratuita, llegar rápido al
Papa, decir que él fue el culpable de esta situación y de este
hecho, porque el caso de los documentos del New York Times
fueron traducidos con google translator y no correspondían en
inglés a lo que en realidad estaba escrito en latín. No estoy
juzgando a los otros medios, pero es verdad que hubo una campaña
que pretendía llevar la responsabilidad al Papa y que era
necesario involucrarlo en esta materia.
-¿Cómo analizan las reacciones del Papa frente a estas
informaciones distorsionadas?
- Creo que hay una gran respuesta del Papa: nunca ha
sido la de defenderse atacando a los demás, ni hablando de una
campaña mediática de la prensa. Nunca se ha refugiado en las
estadísticas como han hecho sus colaboradores. &Eac ute;l
ha mostrado a toda la Iglesia y no toda la Iglesia le está
haciendo caso.
Él ha mostrado otro punto de vista, que es el de la fe y ha
dicho que los ataques más grandes vienen de dentro de la
Iglesia. Él llama a éste, un tiempo de gracia y de purificación.
Dice “Debemos hacer penitencia y cambiar”. Esto yo lo
encuentro muy cristiano y muy bello desde el punto de vista del
Papa. Me gustaría que esta actitud estuviera más al alcance de
todos.
-¿Cómo comunicar lo más bello del mensaje del Papa?
¿Cuál es la tarea de los periodistas católicos en el dar a
conocer lo más bello que dice en lugar de resaltar lo que dicen
otras noticias?
- Hablo desde mi experiencia. Yo escribo en un periódico laico,
creo que una perspectiva justa es la de tener en cuenta ciertos
títulos, tener en cuenta también ciertas polémicas pero no
olvidar nunca el corazón del mensaje.
También porque es necesario recordar que no es verdad que a la
gente no le interese el corazón del mensaje. Les interesa más
que cualquier cosa. Si uno piensa “La gente está interesada
por lo que dice el Papa sobre las parejas homosexuales pero no
lo que dice sobre la historicidad de Jesucristo”. ¡Al
contrario! Hoy hay una ignorancia grandísima de contenidos
religiosos. El problema está en que el contenido religioso debe
ser expresado, comunicado en modo que resulte interesante. No es
cierto que la religión no sea el corazón del mensaje para los
lectores.
-¿Cómo influyen estos escándalos en el punto de vista
del ciudadano común que no necesariamente va a ir a buscar el
verdadero mensaje del Papa en el sitio web del Vaticano?
- Lamentablemente me di cuenta durante los meses que
estuve en Irlanda de algo que no había visto antes, porque en
Italia la situación es diferente. He visto cómo una comunicación
incorrecta de parte de los medios y de ciertos títulos que
vienen citados fuera de contexto, pueden influir sobre la fe de
la gente.
Me impresionó porque pensaba que el error de comunicación, el
título equivocado manchaba un poco la imagen del Papa, pero
confiaba en que esto quedara en los círculos mediáticos y en
que la gente tarde o temprano sabría cuál es la verdad. Pero
¡el problema es que la gente no lo sabe! Todos ven la televisión
o leen el periódico y terminan por creer que es verdad.
Entonces sí hay una responsabilidad grandísima porque un
mensaje equivocado puede tocar la fe de las personas. Creo que
es necesario que la Iglesia también lo entienda.
Doy un ejemplo banal: cuando fue publicado El Código Da Vinci,
yo di varias conferencias sobre el tema y había muchísima
gente con varias preguntas. Conocí a varios sacerdotes que a
menudo decían “bueno, es sólo una novela”. Ahora, varios años
después, hay investigaciones académicas que han demostrado que
en Italia dentro chicos de secundaria, el 25 % están
convencidos de que Jesús estuvo casado. ¿Y cuál es la fuente
de esta información? No es el párroco, ¡son los medios!
Es necesario darse cuenta de que ciertas mentiras, deben ser
combatidas un poco con las mismas armas, no con otras mentiras.
Con un mensaje y con un lenguaje que busque el mismo nivel de
difusión y de claridad y de interés.
-Usted ha escrito sobre un par de libros sobre Pío XII,
Pablo VI. ¿Qué relación ve entre los ataques a estos papas y
los ataques actuales?
- Hay algunas cosas en común, aunque también debo decir que
los ataques contra Pío XII vinieron justo después de su
muerte, por eso era algo completamente diferente. En cambio los
ataques a Pablo VI fueron durísimos en comparación con
Ratzinger. La situación hoy es mucho mejor.
Los ataques contra Pablo VI eran feroces, estaban dentro de la
Iglesia y eran de una maldad y una fuerza verdaderamente
devastadora, tanto que él, después de haber escrito la encíclica
Humane Vitae (1968), no pudo escribir más encíclicas para no
someter un documento tan autoritario como una encíclica a
criticas así de fuertes. Ahora bien, es necesario también
tener una visión histórica y creo que hay muchas semejanzas,
pero el tiempo es diferente.
Hoy nos encontramos de frente al hecho que para Benedicto XVI
hay un pr ejuicio negativo, que es presentado como retrógrado,
como anti democrático y anti liberal y contra la modernidad y
esto es, lamentablemente, muy difícil de desmantelar.
En cuanto al caso de Pío XII, se dice que era amigo de los
nazis, que era anti semita. Tú puedes escribir lo que quieras,
y sacar todos los argumentos que quieras pero es un trabajo
dificilísimo, de muchos años, para hacer cambiar poco a poco
las ideas. La suerte es que mientras que Pío XII murió sin
poder defenderse, Benedicto XVI ha encontrado gente que cuando
lo escucha se da cuenta de que el retrato que casi siempre han
construido los medios no corresponde a la realidad.
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