|
¿Dónde va el feminismo?
Las colaboraciones de Mercedes Aroz: en esta nueva entrega aborda
la deriva del feminismo desde una perspectiva historicista y, al
mismo tiempo, aporta una serie de propuestas para encarar el siglo
que viene
Mercedes Aroz
25/11/2010 En el análisis sobre la fuerte ofensiva que se vive hoy en contra del derecho a la vida e instituciones socialmente valiosas, como el matrimonio y la familia, es preciso profundizar en los factores determinantes que la sostienen. Y, esto nos lleva a situar en primer plano del análisis a ciertas ideologías promovidas, entre otros, por el movimiento feminista radical, sabiendo no obstante que el combate no se libra sólo en el terreno del pensamiento y que detrás de estas ideologías existe un fuerte entramado de intereses diversos, y en primer lugar los de tipo económico.
La influencia del feminismo en la configuración
de la familia, la sociedad y la cultura
En una primera valoración de las repercusiones
del feminismo hay que destacar su influencia decisiva en
la familia, la sociedad y la cultura en los dos últimos siglos
de nuestra historia. Sus aportaciones han sido positivas en
igualdad y justicia social, pero también está promoviendo
cambios que resultan perjudiciales. Repasemos brevemente la
trayectoria del feminismo siguiendo a Jutta Burggraf[i],
que sitúa los cambios producidos en tres etapas que se
corresponden cronológicamente, aunque no claramente
delimitadas, con un desarrollo de ideas y hechos en los países
occidentales, mientras en otros países aparecen entrelazadas.
En la evolución del pensamiento feminista se
ha pasado de reivindicar la igualdad de derechos entre los sexos
a la superación de los sexos. El punto de partida del
movimiento organizado se sitúa en el siglo XVIII en la Revolución
Francesa con la “Declaración de los derechos de la mujer”
en 1791, impulsada por asociaciones de mujeres y que no llegó a
ser aprobada[ii].
En 1792, surge en Inglaterra un movimiento por los derechos
de sufragio y ciudadanía, y ya en el siglo XIX, el
feminismo en Alemania se dirigió primordialmente hacia la
reivindicación de la educación. A principios del
siglo XX, el balance era positivo y las mujeres habían logrado
sus metas en cuanto a la igualdad política según la ley y en
la admisión en la enseñanza superior y las universidades en
los países europeos[iii].
Las aspiraciones se dirigían a la plena equiparación de los
derechos jurídicos, económicos y sociales entre el hombre y la
mujer.
Sin
embargo, a lo largo del siglo XX, el feminismo se radicaliza e
impulsa cambios perjudiciales para la mujer y la sociedad: el
aborto se convierte en paradigma de la emancipación femenina y
se promueve la ideología de género. Bajo la influencia del
marxismo y sustentado ideológicamente de forma fundamental en
la obra de la filósofa existencialista Simone de Beauvoir, El
segundo sexo (1949), pasa a defender la igualdad
funcional de los sexos que implica eliminar los roles del
hombre y la mujer, y el rechazo de su naturaleza, la maternidad,
el matrimonio y la familia; la emancipación significa el
radical rechazo de la naturaleza de la mujer y la imitación del
rol masculino. Como reacción surge otra corriente en el extremo
opuesto que para la plena realización de la mujer promueve la completa
feminidad e idealiza sus cualidades para mejorar la
sociedad.
El fruto más amargo del activismo feminista
en el siglo XX ha sido la legalización del aborto, iniciada en
la ex Unión Soviética, que lo aprobó en 1920. En la década
siguiente se legaliza de forma restrictiva o libre en los países
escandinavos, en el Reino Unido en 1968 y en la década de los
setenta y ochenta en los demás países de la Europa occidental[iv]. El
pensamiento feminista incorporó el aborto como un derecho de la
mujer en un contexto propicio de fuertes dificultades de las
mujeres para incorporarse al mundo laboral y a las tareas de la
sociedad y la política, en el que toma distancia de la
maternidad, el único rol desempeñado tradicionalmente.
El feminismo jugó un papel determinante en la
legalización del aborto al lograr que fuese asumido por los
partidos de la izquierda y por buena parte del pensamiento
moderno en la sociedad occidental. Hoy, el aborto se presenta
como derecho reproductivo -según un nuevo concepto jurídico
procedente del mundo anglosajón-, y se enmascara dentro del
también nuevo concepto de salud de la mujer, la salud sexual
y reproductiva.
La legalización del aborto se ha llevado a cabo en
flagrante contradicción con los principios de las
constituciones democráticas que recogen el derecho a la
vida como el primero y fundamental, y supone, como ha señalado
el Papa Benedicto XVI, desvirtuar el ideal democrático que sólo
es verdadero cuando reconoce y tutela la dignidad de toda
persona humana[v].
Respecto
a la posición de la izquierda, la diputada italiana Paola
Binetti, hasta principios de año del Partido Democrático,
centro-izquierda, señala el error de asumir el aborto como
derecho de la mujer y la contradicción con los postulados que
teóricamente le son propios, la defensa de los más débiles.
Siendo que en el debate sobre el aborto hay dos partes
implicadas, la izquierda ha optado por el derecho del más
fuerte, la madre, anulando el derecho del más débil, el hijo,
que precisamente por serlo requiere la protección de la
sociedad.
Hoy, el debate continúa entre los que quieren
reprimir o los que exageran las funciones propias de la mujer,
mientras el feminismo radical promueve la ideología de género,
según la cual la meta ya no está en acabar con el predominio
masculino ni en liberarse de la maternidad sino en eliminar
la misma naturaleza en la identidad de la mujer y del
hombre. Para ello, se redoblan los esfuerzos para la
destrucción del valor de la maternidad y la familia, e inmerso
en la expansión mundial de esta ideología el feminismo se ha
distanciado de los problemas reales de la mujer y no plantea
nuevas metas positivas para la mujer y la sociedad.
La presión del feminismo radical sobre las
organizaciones mundiales
El número cinco de los Objetivos de Desarrollo
del Milenio de Naciones Unidas, acordados en 2000 para la
erradicación de la pobreza en el mundo en el horizonte de 2015,
se refiere a la salud materna entendida como salud
reproductiva. Periódicamente, en las Cumbres que se
realizan, la última el pasado septiembre en Nueva York, para
evaluar el grado de cumplimiento de los Objetivos y proponer
medidas correctoras, hay reuniones previas en las que los
diferentes lobbies tratan de influir en los ámbitos de su interés,
es el caso de los que presionan en favor del aborto libre como
medida de “salud materna”. Un planteamiento llevado
también al G8 por la Secretaria de Estado de EEUU, Hillary
Clinton, que en la reunión preparatoria de los ministros de
asuntos exteriores, en marzo de 2010, dejó claro que la salud
reproductiva incluye el “acceso al aborto legal y
seguro”, y se explicitó así, que el aborto está
incluido en el Objetivo 5 del Milenio de la ONU.
En la nueva estrategia global anunciada en la
Cumbre de septiembre por el Secretario General, Ban Ki-moon, se
señala que sólo se recurrirá al aborto en países en los que
esté legalizado, pero, al mismo tiempo, se anima a los políticos
y a los gobiernos a que adopten las decisiones convenientes para
legislar de acuerdo con el espíritu de los Objetivos del
Milenio[vi].
¿Qué cabría esperar de un movimiento
feminista en el siglo XXI?
De
un feminismo que proponga metas teniendo presente las realidades
de hoy, que esté guiado por la solución de los problemas
reales de la mujer y que aprecie su naturaleza y sus valores.
Pensemos en un nuevo feminismo del siglo XXI, que
considerándose heredero de los movimientos que históricamente
encabezaron la lucha de las mujeres por la igualdad y la
participación social, plantea nuevas metas en función de la
realidad presente. El nuevo feminismo ha de establecer cuáles
son los principales retos que surgen de esta realidad,
desigual realidad en los países occidentales y en los países
en vías de desarrollo, sabiendo que los primeros son modelo
para los demás. Cabe señalar los siguientes:
1) El compromiso con los Derechos Humanos.
Y, el primero y primordial, plantea la exigencia del compromiso
de la mujer con el derecho a la vida. La mujer, que es
transmisora de la vida ha de situarse en vanguardia en la
defensa de este derecho de todo ser humano. De este compromiso
surge un nuevo feminismo que valora la maternidad y está
determinado a remover todas las trabas que se oponen a ella.
2) Afirmar la igualdad de la mujer y reconocer
la diferencia entre los sexos, centrada en la maternidad.
Una igualdad respetuosa con tales diferencias rechaza la imitación
de los hombres, pero afirma que la igualdad de la mujer exige
disfrutar de los mismos derechos, incluido el de participar en
la vida pública, política y laboral, que implica la formación
para garantizar la participación en los ámbitos de la toma de
decisiones. Reconoce, y sostiene el papel de la mujer en la
familia y en la sociedad de cualquier latitud, religión y
cultura[vii].
3) Recuperar el valor de la maternidad y
promover su valor social. El nuevo feminismo no reniega de
la naturaleza de la mujer, y por el contrario asume la
maternidad como un don y una gran tarea. Al mismo
tiempo, exige el reconocimiento de su valor social y una
protección efectiva, pues la enorme tarea de la maternidad y su
trascendencia son ignoradas en nuestras sociedades occidentales
4) Integrar y reconocer el valor de la
paternidad. Integrael sentido de la paternidad,
tradicionalmente anulado en el movimiento feminista, y hace a
los padres cada vez más conscientes de su trascendencia para
los hijos y para la sociedad.
5) Establecer las principales metas para
lograr conciliar maternidad, familia, trabajo y tareas políticas
o sociales y vida personal. En la concepción de una vida
integrada y plena tanto para la mujer como para el hombre, pues
la vida es una sola[viii].
Ante
estos grandes retos debe situarse un nuevo feminismo que en la línea
de las mejores contribuciones del pasado a una sociedad mejor,
recupere la meta de una sociedad más justa e impulse un cambio
cultural que haga efectivo el respecto a la vida y la igualdad
real de las mujeres. El movimiento feminista tiene un papel
crucial para promover los derechos humanos, recuperar
valores positivos para toda la sociedad y lograr un avance en
la igualdad de sexos, en la paridad en las tareas sociales y
políticas, y la eliminación de todo lo que coloca a la mujer
en una situación de inferioridad.
Pero si la mujer y el movimiento feminista tienen
un papel primordial en los cambios señalados, al igual que en
el pasado debe contar con el apoyo de las organizaciones y ámbitos
de pensamiento abiertos al verdadero progreso humano, que
comparten con las mujeres sus problemas y sus luchas para
superarlos. Por ello, lo anterior ha de suscitar en un ámbito más
amplio una reflexión y la necesaria movilización sobre tres
aspectos centrales:
-
La necesidad de reabrir a nivel europeo el debate
sobre el aborto, en su dimensión ética y sobre sus efectos
demográficos, sociales y económicos, y el reconocimiento
del valor social de la maternidad.
-
La contradicción existente entre la legalidad del
aborto y el derecho a la vida, derecho fundamental en el
ordenamiento jurídico, contradicción que desvirtúa la
esencia del Estado de Derecho basada en la primacía de normas
de rango superior, inviolables e inmutables, y protegidas por
instituciones independientes.
-
El necesario cambio cultural en la concepción de los
derechos, de tal manera que el derecho individual, la
autonomía, se confronte siempre con la responsabilidad social[ix].
Son reflexiones que considero deben situarse esencialmente en el ámbito de la sociedad civil. Son retos de trascendencia para todos y que sólo pueden ser afrontados con éxito desde el diálogo y la voluntad de construir unas bases éticas comunes respetuosas de la dignidad de todo ser humano, y una sociedad mejor. En síntesis, las mujeres han llegado por fin en los países occidentales a una etapa de la historia en la que han salido de la supeditación a los hombres y participan en una vida más allá del ámbito privado. Están preparadas y pueden ofrecer una importante contribución en los ámbitos laboral, cultural y político, aunque aún quedan muchos obstáculos que superar[x]. En esta larga etapa, que abarca dos siglos, el feminismo ha aportado cambios positivos pero otros están siendo muy perjudiciales, es hora de corregir estos últimos y centrarse en la solución de los problemas actuales, de manera esencial los que afectan al equilibrio entre trabajo y maternidad, y promover políticas capaces de ayudar verdaderamente a las mujeres.
[i]
Varón y Mujer ¿naturaleza o cultura? en El tratamiento
del Género en la escuela. European Association
Single-Sex Education 2007: 15-35.
[ii]
Su promotora, Olympe de Gouges, fue decapitada junto a otras
mujeres del movimiento y fueron disueltas sus asociaciones.
[iii]
El derecho al voto se aprobó en Inglaterra y Alemania en
1918, Suecia (1919), EEUU (1920), Polonia (1923), seguidos
por otros países. Posteriormente, España (1931), Francia e
Italia (1945), Canadá (1948), Japón (1950), Méjico (1953)
y finalmente en Suiza en 1971.
[iv]
En 1982, el 10% de la población mundial vivía en países
donde el abortoestaba
prohibido, el 18% en los que estaba permitido para salvar la
vida de la mujer, un 8% sobre bases médicas, y el 64%
restante disponía de leyes que permitían el aborto
por razones sociales amplias o por petición propia, en
general dentro del primer trimestre. Se utilizan dos tipos
de aborto: el farmacológico (desde 1999) y el quirúrgico.
[v]
Audiencia a obispos brasileños en la visita ad limina
el 28-10-2010.
[vi]
Álvaro Lucas, ¿Ayudar a la maternidad o evitarla? Acepresa,
23-9-2010.
[vii]
IV Congreso Internacional ProVida, Zaragoza 6-8 noviembre de
2009.
[viii]
N. Chinchilla y M. Moragas, Dueños de nuestro destino. Ariel
2009 (3ª ed.).
[ix]
Paola Binetti, IV Congreso Internacional ProVida, Zaragoza
6-8 noviembre de 2009.
|