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Dios es necesario porque es real
Josep Miró i Ardèvol
03/01/2012 Sígueme
en Twitter: @jmiroardevol Hay
más elementos de reflexión en este trabajo. Apuntemos otro: el mismo
afirma que tanto la teología como el ateísmo son respuestas
razonadas a un impulso básico en la mente humana. Es interesante esta
equiparación entre uno y otro ámbito porque nos viene a decir una
cosa, que ambas cuestiones, el conocimiento de Dios y su rechazo,
comparten un punto común: el de hablar de Dios. El ateísmo no se
explica sin Él, necesita de la existencia de esta premisa porqué sin
ella carece de cuerpo por sí mismo. En este sentido vale la pena
recordar un hecho nada menor, el materialismo histórico y el
materialismo dialéctico, que han sido las bases para la no creencia
en Dios, han ido cediendo hasta llegar a nuestro tiempo a un
predominio del ateísmo que aúna un debilitamiento de este otro
enfoque, el materialista. El materialismo parte de una afirmación:
todo es materia. No necesita establecer la premisa de la existencia de
Dios, más bien viene a decir, como derivada, que su existencia no es
necesaria. Esto, subrayémoslo, no es lo que hace el ateo, quien parte
de una negación: Dios no existe. Y no se basa en un cuerpo de
naturaleza filosófica, en un planteamiento completo, sino que para
justificarse recoge de manera fragmentada, de aquí y de allá,
aquellas cuestiones en el campo científico que, sin relación una con
otra, tienen la única ventaja de que le permiten enlazar argumentos
que parezcan que pueden establecer que Dios no existe. Una
tercera reflexión estaría en la línea de una de las conclusiones
del estudio, en la que se afirma que “los vínculos sociales que
propician las religiones favorecen que los individuos cooperen como
sociedades”, en el sentido de que las creencias de las prácticas
religiosas persisten porque son positivas dado que favorecen la
cooperación de las personas en las sociedades. Si esto es así debería
haber una actitud generalizada a favor de la religión, con
independencia de las creencias de cada uno. Cuando defendemos que la
gente haga deporte, el que sea, aunque no sea el nuestro, o aunque
nosotros no lo practiquemos, porque resulta que es saludable, estamos
actuando de una manera lógica. Cuando sabemos que la religión es un
factor positivo, favorecer su desarrollo, aunque nosotros no lo
practiquemos o estemos adscritos sólo a una determinada creencia, sería
asimismo el comportamiento racional que sería deseable en personas
que se autocalifican a sí mismos, como primera característica, de
muy racionales.
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